Ciberseguridad en la era de la inteligencia artificial: invertir más ya no es suficiente
La acelerada expansión de la inteligencia artificial está transformando la manera en que las empresas operan, toman decisiones y desarrollan nuevas líneas de negocio. Sin embargo, mientras aumentan sus aplicaciones y beneficios, también surge una pregunta que se vuelve cada vez más relevante para las organizaciones: ¿Cómo protegerse frente a nuevas amenazas y ataques?
La velocidad con la que se han adoptado estas tecnologías ha hecho que, en muchos casos, las compañías avancen más rápido en innovación que en la construcción de capacidades para proteger su información.
Esto ha puesto sobre la mesa desafíos que van desde la gestión y protección de los datos hasta la necesidad de contar con profesionales especializados en ciberseguridad y privacidad.
En Latinoamérica, por ejemplo, solo la mitad de las empresas cuenta con al menos un empleado experto en privacidad o ciberseguridad, según información publicada por La República. Esta brecha adquiere mayor relevancia en un contexto en el que las organizaciones manejan cada vez más información, utilizan servicios en la nube e incorporan herramientas de inteligencia artificial a sus procesos.
Aunque un número creciente de compañías está destinando recursos a fortalecer sus equipos y contratar perfiles especializados en seguridad, todavía existen problemáticas importantes que se deben atender. El desafío no consiste únicamente en responder a las amenazas actuales, sino en prepararse para riesgos que evolucionan constantemente y que, en algunos casos, todavía son difíciles de anticipar.
La ciberseguridad gana espacio en los presupuestos
La Encuesta de Ciberseguridad 2026 de RSM muestra que la seguridad informática se ha convertido en una preocupación permanente para las organizaciones y en una de las prioridades dentro de la inversión tecnológica. Además, cada vez más compañías esperan continuar aumentando los recursos destinados a esta área.
Sin embargo, invertir más no necesariamente significa estar mejor protegido.
Uno de los principales desafíos está en la brecha entre la inversión y la capacidad de administrar esos recursos de manera estratégica.
Son todavía pocas las organizaciones que cuentan con un Chief Information Security Officer (CISO) o un director especializado en seguridad encargado de definir prioridades, evaluar riesgos y establecer una estrategia integral.
En muchas otras empresas, estas responsabilidades terminan en manos de líderes de tecnología u otros responsables que, aunque pueden tener conocimiento del negocio y de la infraestructura tecnológica, no necesariamente cuentan con un conocimiento profundo en ciberseguridad.
El resultado puede ser una inversión fragmentada: múltiples herramientas, controles y proveedores que no necesariamente responden a una estrategia común ni a los riesgos más relevantes para la organización.
¿En qué están invirtiendo las empresas?
Entre las áreas que están recibiendo mayor atención se encuentra la gestión de la superficie de ataque, es decir, la identificación y administración de los diferentes puntos desde los cuales una organización puede quedar expuesta a una amenaza.
También cobra relevancia la seguridad y recuperación de los entornos en la nube. Estas prioridades reflejan una realidad empresarial mucho más compleja: hoy las compañías no operan únicamente desde servidores o redes internas. Utilizan servicios cloud, aplicaciones de terceros, plataformas digitales, APIs, dispositivos conectados y, cada vez más, soluciones basadas en inteligencia artificial.
Esto amplía considerablemente la superficie que debe protegerse.
A pesar de este escenario, en algunas organizaciones la ciberseguridad todavía se desarrolla principalmente como respuesta a exigencias regulatorias o mediante la adquisición aislada de nuevas herramientas. Este enfoque puede generar funciones fragmentadas, controles con recursos insuficientes y vulnerabilidades que permanecen sin resolver.
Comprar más tecnología, por sí solo, no garantiza una mayor protección. Si una compañía no tiene claridad sobre cuáles son sus activos críticos, dónde se encuentran sus principales vulnerabilidades y qué riesgos podrían tener un mayor impacto sobre el negocio, es posible destinar importantes recursos a problemas que no necesariamente deberían ocupar el primer lugar.
Entonces, ¿qué deberían hacer las empresas?
Uno de los primeros pasos para enfrentar los desafíos de ciberseguridad consiste en establecer con claridad cuáles son los riesgos prioritarios y quién es responsable de gestionarlos dentro de la organización.
Esto implica pasar de una visión reactiva de la seguridad, centrada principalmente en responder a incidentes, a una estrategia preventiva basada en riesgos.
Las compañías necesitan identificar sus activos más importantes, conocer qué información manejan, entender cómo circulan los datos entre diferentes sistemas y evaluar las consecuencias que tendría una interrupción, filtración o ataque sobre sus operaciones.
También es fundamental definir responsabilidades. La ciberseguridad ya no puede entenderse exclusivamente como una función del área de tecnología. Finanzas, operaciones, talento humano, legal y los equipos directivos también participan en la gestión de riesgos digitales.
El crecimiento de los presupuestos destinados a seguridad representa un avance significativo. El siguiente paso consiste en asegurarse de que esos recursos estén siendo utilizados de acuerdo con las verdaderas necesidades de cada organización.
El reto ya no es simplemente invertir más en ciberseguridad, sino invertir de manera inteligente.
Colombia avanza en capacidades especializadas de ciberseguridad
En Colombia también se están desarrollando iniciativas para fortalecer las capacidades frente al crecimiento de las amenazas digitales.
Recientemente, un centro especializado de ciberseguridad en el país obtuvo una de las certificaciones internacionales más exigentes para este tipo de operaciones, una distinción que solo poseen un número reducido de centros a nivel global.
Este tipo de reconocimientos cobra especial relevancia ante el aumento y la sofisticación de los delitos informáticos. La certificación evalúa aspectos como el nivel de madurez de los procesos, las tecnologías implementadas y las capacidades utilizadas por los CyberSOC para identificar amenazas, responder a incidentes y gestionar riesgos.
El reconocimiento posiciona al centro colombiano entre un grupo reducido de organizaciones que cumplen estos estándares y evidencia el desarrollo de capacidades especializadas en la región.
Sin embargo, el avance tecnológico y la creación de centros especializados representan solo una parte de la respuesta. La transformación también debe ocurrir dentro de las empresas.
A medida que la inteligencia artificial, la nube y las herramientas digitales ocupan un lugar más importante en las operaciones, la seguridad debe avanzar al mismo ritmo. Las organizaciones que logren integrar la ciberseguridad desde la estrategia y no únicamente como respuesta a una regulación o a un incidente estarán mejor preparadas para aprovechar las oportunidades de las nuevas tecnologías sin aumentar innecesariamente su exposición al riesgo.
En un entorno donde las amenazas cambian constantemente, la verdadera ventaja no estará en tener más herramientas de seguridad, sino en saber qué proteger, por qué protegerlo y cómo hacerlo de manera estratégica.